La combinación de materiales continúa siendo parte de la expresión del artista. El bronce y el alabastro se combinan en una sola pieza de manera que las texturas se relacionan de forma inversa. La delicadeza de la forma, en bronce, lisa y refinada; contrasta con la textura abrupta del alabastro, de la que nace la figura.
Curiosamente, esta escultura tuvo que ser repatinada en el taller del artista, pues la figura humana presentaba una página fría, mientras que el alabastro tiene tonos cálidos, de modo que Jesús patinó con ácidos el bronce para que tornara a tonos, logrando un mayor equilibrio cromático.

